#DoctorTele | Gracias por VIVIR

Tras una larga enfermedad, LINA MORGAN nos ha dejado hoy
Dicen que cuando deseas algo con todas tus fuerzas, al final acaba pasando. Probablemente eso le pasó a Lina Morgan, quien desde pequeña su único sueño fue dedicarse al mundo del teatro y tener uno propio. Y así fue. La pequeña actuación que tuvo lugar durante la Nochevieja del 68 junto a Juanito Navarro le valió para que aquellos que no lo hacían, confiaran en ella. Desde ahí y siempre poco a poco, llegarían sus películas, más intervenciones en televisión, revistas y finalmente sus espectáculos en el teatro. La cosas le fueron tan bien, que se compró el suyo propio (La Latina), llegaron las series en la tele y todo eso que ustedes ya saben... 
La desaparición de Lina rompe de un plumazo una de las ilusiones de este que les escribe. Perteneciente a la generación del 76, una de mis máximas ilusiones era ir a verla en directo. Porque como siempre pasa con los grandes, aunque los años intenten tapar el éxito y auge de sus esplendorosos tiempos, hubo una época en que ir a ver a Lina a su teatro en Madrid, era lo más. La moda. Lo último. Y es que pocas actrices han conseguido lo de ella, conseguir que el público que pensaba que aquello de ir al teatro era cosa de viejos y algo aburrido, descubriesen que no era así. 
Anoche, cuando veía una de sus obras que la encumbraron a las más altas cotas de popularidad, volvía a sorprenderme los gritos y carcajadas que provocaba en el respetable. A ella no le hacía falta fichajes de extras con renombre, ni risas enlatadas en sus espectáculos. Con solo una mirada o una mueca, el público se derretía. Tenía ese "no se qué" que tienen los privilegiados para que sin conocerla, la gente la quiera. 
Probablemente, Lina esperó siempre el papel dramático de su vida para poder demostrar sus registros como actriz pero estoy seguro que si lo hubiese hecho, el público no la hubiese ni querido ni respetado más por eso. El público la aceptó tal y como es. Y los momentos de risa que nos regaló no se pagan ni con el lugar más caro que pueda tener un teatro. 
Con su marcha, desaparece algo más que una actriz, algo más que un personaje que ha dado el mundo del espectáculo. Desaparece una trabajadora incansable, una artista de las de antes. Probablemente la actriz de teatro más importante de nuestro país. Que supo ganarse el respeto de la prensa y de su público como mejor se puede ganar: trabajando. Su vida en un escenario o delante de una cámara. Lo demás daba igual. Muy celosa de su intimidad probablemente por las decepciones sufridas, la prensa siempre supo apreciar la línea que Lina puso entre su vida artística y personal. 
Probablemente estos días, algunos de esos programas especializados en escarvar en la vida de los demás, sobre todo una vez muertos, saquen cosas de ella, incluso asistiremos a más de un vendido que por cuatro perras intente ensuciar su nombre. Pero por mucho que digan, su recuerdo y su excelente trabajo permanecerán intactos. Al igual que el cariño y el respeto de su público. Gracias por todo, Lina. Gracias por vivir! DEP

Comentarios