“…QUE TE MUEVE MENOS QUE MARTINEZ ARES EN ONDA CADIZ…!!”

Cuando unos días antes de comenzar las sesiones clasificatorias del COAC, Onda Cádiz anunció el fichaje de Antonio Martinez Ares, la noticia se recibió con grandes espectativas. Unas dos semanas después de su debut en las retransmisiones carnavalescas, la decepción es mayúsculas.
Éste no es Martinez Ares. No es que no se moje ni critique porque su cometido aunque la gente lo pida, no es ese. Su cometido es el de presentar, pero ay amigo mío, es que tampoco lo  hace. Martinez Ares me recuerda a esos modelitos que lucían aquellos programas sabatinos de Jose Luis Moreno, pero con menos músculos y más (y mal) vestidos. Que solo asentían lo que decía el presentador sin dejar de mirarse en la pantalla a ver lo bien y guapos que lucían. Antonio solo asiente y mira a Miriam que se ha ganado el cielo definitivamente, porque todo el peso de la presentación recae ahora en ella.
Solo he observado una cosa: cuando las luces se apagan y en la imagen solo sale el escenario, Martinez Ares se transforma. Y opina y dice cosas (todas positivas, eso sí). La tele no es lo suyo. Está demasiado pendiente a como da en cámara, o simplemente el pilotito rojo lo paraliza. Quizás la radio podría dar mejor con su perfil profesional.
Si las malas lenguas apuntaban a que el fichaje de Antonio, no había caído bien a Germán, su antecesor y hoy relegado a los camerinos del Falla, su incoporación a la retransmisión no hará sino “engordar” cada vez más a Germán, que ha visto como el público lo echa de menos en el palco número 13 del Gran Teatro Falla y cada vez que tienen oportunidad, se lo hacen saber.
A Antonio Martinez Ares, conocedor de nuestro carnaval, solo hay que reprocharle algo: y no es que no se moje, ni que no polemice como hacía antaño. Poderoso caballero es don Dinero, y si los números de su fichaje bien valen hacer semejante papelón en el Falla, allá él. Nosotros, los que le seguimos reprochando es lo de de siempre: su vuelta. Que suelte el micro de una vez, y lo cambie por la pluma. En eso, no hay autor que le gane. 

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